
‘…Quien sabe respirar el aire de mis escritos sabe que es un aire de alturas, un aire fuerte. Es preciso estar hecho para ese aire, de lo contrario se corre el peligro no pequeño de perderse en él. El hielo esta cerca, la soledad es inmensa -!Más que tranquilas yacen todas las cosas en la luz!, !con qué libertad se respira!, cuántas cosas sentimos por debajo de nosotros! -La filosofía tal como yo la he entendido y vivido hasta ahora, es vida voluntaria en el hielo y en las montañas- búsqueda de todo lo problemático y extraño en el existir, de todo lo proscrito hasta ahora por la moral. Una prolongada experiencia, proporcionada por ese caminar en lo prohibido, me ha enseñado a contemplar las causas a partir de las cuales se ha moralizado e idealizado hasta ahora, de un modo muy distinto a como tal vez se desea: se me han puesto al descubierto las historias ocultas de los filósofos, la psicología de sus grandes nombres. ¿Cuánta verdad soporta, cuánta verdad osa un espíritu?, esto fue convirtiéndose cada vez, para mi, en la auténtica unidad de la medida. El error (- el creer en el ideal -) no es ceguera, el error es cobardía …Toda conquista, todo paso adelante en el conocimiento es consecuencia del valor, de la dureza consigo mismo, de la limpieza consigo mismo … Yo no refuto los ideales, ante ellos, simplemente me pongo los guantes …Nitimur in vetitum (nos lanzamos hacia lo prohibido): bajo este signo vencerá un día mi filosofía, pues hasta ahora lo único que se ha prohibido siempre, por principio, ha sido la verdad…’ (pág. 56)
Ecce Homo
(Alianza Editorial, Madrid, 1992)
- Friedrich Nietzsche -
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‘… –¡No, no!–protestó Nietzsche, sacudiendo la cabeza con impaciencia, como si Breuer hubiera fallado el tiro–. Yo sostengo que la hipersensibilidad, como la denomina usted, no es indeseable, sino necesaria para mi trabajo. Yo quiero estar alerta. No quiero quedar excluido de ninguna área de mi experiencia interior. Y si el precio de la percepción es la tensión, ¡qué así sea! Puedo permitirme el lujo de pagar ese precio.
–Breuer no respondió. No había esperado una resistencia tan fuerte e inmediata. Todavía no había descrito su plan de tratamiento y el paciente se había adelantado a los argumentos que había preparado y los había demolido. En silencio, buscó un modo de ordenar las tropas. Nietzsche siguió hablando:–Usted ha visto mis libros. Entenderá que son buenos no porque yo sea inteligente o erudito. No, lo son porque tengo la osadía, la disposición, de separarme de la comodidad del rebaño y enfrentarme a fuertes y malignas inclinaciones. La investigación y la ciencia se originan en el descreimiento. Sin embargo, el descreimiento causa una gran tensión. Sólo los fuertes pueden tolerarlo. ¿Sabe cuál es la verdadera pregunta para un pensador? –No hizo la pausa de rigor para aguardar respuesta.– La verdadera pregunta es: “¿Cuánta verdad puedo tolerar?” No es una ocupación para pacientes que quieran eliminar la tensión y llevar una vida tranquila.
Breuer no supo qué decir. La estrategia de Freud se hacía añicos. “Basa tu enfoque en la eliminación de la tensión”, le había aconsejado. Pero para el paciente ante quien Breuer se hallaba, la obra de su vida, lo que lo mantenía vivo, requería tensión…’
Irvin D. Yalom
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