‘…Quien sabe respirar el aire de mis escritos sabe que es un aire de alturas, un aire fuerte. Es preciso estar hecho para ese aire, de lo contrario se corre el peligro no pequeño de perderse en él. El hielo esta cerca, la soledad es inmensa -!Más que tranquilas yacen todas las cosas en la luz!, !con qué libertad se respira!, cuántas cosas sentimos por debajo de nosotros! -La filosofía tal como yo la he entendido y vivido hasta ahora, es vida voluntaria en el hielo y en las montañas- búsqueda de todo lo problemático y extraño en el existir, de todo lo proscrito hasta ahora por la moral. Una prolongada experiencia, proporcionada por ese caminar en lo prohibido, me ha enseñado a contemplar las causas a partir de las cuales se ha moralizado e idealizado hasta ahora, de un modo muy distinto a como tal vez se desea: se me han puesto al descubierto las historias ocultas de los filósofos, la psicología de sus grandes nombres. ¿Cuánta verdad soporta, cuánta verdad osa un espíritu?, esto fue convirtiéndose cada vez, para mi, en la auténtica unidad de la medida. El error (- el creer en el ideal -) no es ceguera, el error es cobardía …Toda conquista, todo paso adelante en el conocimiento es consecuencia del valor, de la dureza consigo mismo, de la limpieza consigo mismo … Yo no refuto los ideales, ante ellos, simplemente me pongo los guantes …Nitimur in vetitum (nos lanzamos hacia lo prohibido): bajo este signo vencerá un día mi filosofía, pues hasta ahora lo único que se ha prohibido siempre, por principio, ha sido la verdad…’ (pág. 56)
Ecce Homo
(Alianza Editorial, Madrid, 1992)





